Mi soledad delirante,
mi soledad implacable,
mi soledad que me usurpa,
y me jala de costado
entre la orilla de la cama
como jugando entre la realidad
y la fantasía,
me acerca a mí y me aleja
como un vaivén mestizo
de sueños deshilados;
fríos, templados, desbaratados,
entre el recuerdo oblicuo
del homo sentimentalis,
frio e inerte ante esta realidad
absorto en su propio mundo.
Chantal Marie Vides

