Hace algunos meses, conocí a una mujer extraordinaria: ilustradora, escritora, deportista y madre, Mary Daggett. Ella, con sus múltiples cualidades y talentos, llenó un vacío en mi corazón que desconocía. Desde niña, la pérdida del amor de mi padre había dejado un hueco que ya no recordaba cómo llenar, pues apenas conservo el recuerdo de verlo amar a mi madre.
Al pasar las páginas del nuevo cuento de Mary, me envolvió un recuerdo vívido: ese amor paternal que se refleja tan profundamente en los ojos de las hijas. Un amor auténtico, único, admirable, que se convierte en una aspiración, un faro en la búsqueda de los hombres que nos amarán algún día.
Treinta años después, «Like My Daddy» despertó en mí esa nostalgia y me reveló que este amor no se había perdido, sino que había encontrado una nueva forma en el amor de mis hijos hacia mí. Ese mismo amor, con su ternura, devoción y perpetuidad, ahora fluía a través de ellos, transformando mi comprensión de lo eterno.
La pluma de Mary, con su rítmica narrativa y sus ilustraciones expresivas, ha creado una obra maestra. Este cuento no solo embellece nuestras estanterías, sino que también toca profundamente el alma.
Estoy convencida de que todas las mujeres que lo lean se verán reflejadas en sus páginas, ya sea evocando el amor hacia sus padres o sintiendo el amor de sus hijos hacia ellas. Así, Mary Daggett no solo cuenta una historia, sino que teje un puente entre generaciones, donde el amor, en todas sus formas, siempre encuentra su camino.

