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Lovers

Me puedes dar una fecha

Que no soporto la incertidumbre

Y la distancia se vuelve brecha

Entre ambos se vuelve costumbre

Camino hacia la derecha

Cuando tú quieres ir a la izquierda

Ciegamente me derrumbe

Entre las horas inciertas

Te besé sin detenerme…

Es un hambre que cruje fuere

En el corredor seco, trinchera

Sin salidas, como quisiera

hacer las cosas diferente

Me lancé por la cumbre…

Tenía alas para volar

Pero tenía que soltarte,

Me acostumbre

A dejarte ser y ganar

Sin interceder solo amar

Como quisiera

Hacerte las cosas diferente

Tenerte entre mis piernas y mis escrituras

Cada mañana, y por las noches

Dormir entrelazados sin ataduras

Yo sé que tú me entiendes mis locuras

Pero solo somos abrasados sin mesura

por los recuerdos de este amor en llamas

Nuestro lema de siempre fue Las travesuras

Para verte de madrugada sin censura

para quererte sin más nada y dudas

Bésame por última vez con ternura

Antes de matarme di mi nombre

Con un adiós en reversa, hombre

Que me traiga de vuelta a la cordura…

Chantal Marie Vides

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El volver

Que diera por volver a vernos

en las letras de algún verso

no extrañaos cuerpos

en un ser muerto, 

 

que ironía la del vivir 

quiero verte vivo 

en estas letras, 

así de alguna forma 

burlaremos el tiempo,

será nuestra firma, 

 

que ironía la del amor 

que no supo darnos 

una oportunidad, 

solo fuimos siluetas 

desdibujadas 

en un atardecer,

garabatos en un papel, 

que poesía la que existe 

en amores infinitos,

 

que paradoja verte diluir 

a través del cristal 

puedo verte fragmentado 

de un costado te veo reír 

y del otro llorar…

 

Septiembre ha venido reflejando

agosto en sus costados 

que parece que éramos 

demasiado vividos 

para reescribirnos,

 

sé muy bien que me sientes 

al leerme, 

sé que yo también 

que te tengo al escribirte.

 

Todo puede ser olvidado 

mientras se vive algo nuevo 

quien ya está huyendo 

olvida el tiempo…

Chantal Marie Vides

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C’est la vie

J’ai fait des attentes de être pour toi

Mais avec la vie, ça à change chaque fois

Ta présence est là

Je ne sens pas que tu es là

et que tu serais disparu demain

tiens-moi dans tes mains…

Si tu voudrais que tu me regdardes

fixement, tu devrais retirer tes yeux

comme Œdipe le roi

Sans restriction, des autres ou Dieu

peut-être que suis je pour toi ?

Ou non, on vas voir

Ou non, on vas voir

Si nous unissons nos cœurs

comme s’ils n’en est une

sans penser au monde

Autour de nous

Sans penser à l’échec,

On s’embrassent

simplement nos âmes

comme des ombres

nous embrasserons

nos blessures comme

une seule lèvre

comme les élèves

Que chante une chanson

De amour

Cimme la mort recherche

Des traces de la vie

Pour laisser sa signature sur elle

Chantal Marie Vides

Traducción

Hice expectativas de ser para ti

Pero la vida cambia cada vez.

tu presencia esta ahi

No siento que estés ahí

y mañana te irías

sostenme en tus manos…

Si quieres que me mires

Mira, deberías apartar los ojos.

como Edipo el rey

Sin restricciones, de otros o de Dios.

tal vez ¿qué soy yo para ti?

O no, ya veremos

O no, ya veremos

Si unimos nuestros corazones

como si no fueran uno

sin pensar en el mundo

A nuestro alrededor

Sin pensar en el fracaso,

Nosotros besamos

solo nuestras almas

como sombras

nos besaremos

nuestras heridas como

solo un labio

como los estudiantes

que canta una canción

De amor

Búsqueda de la cima de la muerte

Rastros de vida

Para dejar su firma en ella.

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Poema: Soledad

Mi soledad delirante,

mi soledad implacable,

mi soledad que me usurpa,

y me jala de costado 

entre la orilla de la cama 

como jugando entre la realidad  

y la fantasía,

me acerca a mí y me aleja

como un vaivén mestizo

de sueños deshilados;

fríos, templados, desbaratados,  

entre el recuerdo oblicuo 

del homo sentimentalis,

frio e inerte ante esta realidad 

absorto en su propio mundo.

Chantal Marie Vides

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Ojos Azules

Cuando veo tus ojos veo el horizonte 
Disminuirse, los océanos hundirse,
Revivir la Venus de Milo, sin partirse
No sé si irme o quedarme dentro de ti
Pero quedarme de alguna forma sin herirte
¿Como unirme sin despedirme
Porque de algún modo vamos a morir
Antes de reescribir la historia?
Amore mío, así es la vida
La utopía se hizo para caminar
Aquí en la ciudad o en el monte
Donde quieras soñar, si…
Siempre verás el horizonte

El mundo avanza dando tumbos
Y de vez en cuando me besa los pasos
Pero yo solo quiero llegar a tus brazos
Aunque sean escasos los segundos,
Los momentos para soñar despiertos
Los sentimientos florecen en nuestros cuerpos,

Nunca me mentí, por eso escribí de ti,
eres mi verso infinito, mi paraíso perdido,
lo que la memoria deforma para hacer perfecto el olvido
quiero un “Para siempre”
aunque sea finito el ser
y sin sentido e inerte
El querer
tus ojos son un verso perdido
en las paralelas de Borges
Nada está escrito aunque lo forjes
Cuando se habla de amar nos vuelve torpes
La idea de querernos sin poseernos
El lado oscuro del corazón y sus bordes
Son nuestras directrices de multiversos
Porque siempre es hoy en nuestros tiempos

Verso en reverso, verbo muerto, en movimiento
solo sé que es cierto si lo siento
No me guío por lo que veo ni el ego
que el amor es ciego
ya lo dijo cancerbero
Porque te puedo querer hoy
mañana y siempre
Como yo te quiero
Porque te puedo perder hoy
Mañana y siempre
Para ser sinceros
Porque puede morir en un instante
sin despedirme como diciembre y enero
Y aún así te quiero, incesante
Porque somos amigos y amantes
Porque nos casamos sin papeles
Porque no me cansé de quereres
Porque te pienso cuando escribo esto
Aunque no me lees…

Chantal Marie Vides
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Veinticinco Años de Soledad:

Mi fascinación por las letras empezó en el estudio de mi papá, uno lleno de libros de todo tipo y en la esquina, la icónica máquina de escribir donde él pintaba letras con aquella tinta vieja. Cuentos, cartas de amor a mi mamá, poemas a sus hijas, críticas al gobierno; todos estos fantasmas quedaron en ella. Y su sonido peculiar acompañó las noches cuando su ausencia llenó mi vida. 

En una de esas libreras de cedro viejo, con el característico olor a madera entre las páginas amarillentas, encontré un pequeño libro de portada café. En letras doradas leí: “Cien Años de Soledad”. Sola como me sentía, pensé que el destino quería que leyera ese libro, sin imaginar al mundo que estaba por entrar con tan solo doce años de edad.

Debo aclarar que esta crítica no la estoy haciendo con los ojos de esa niña perdida y medio huérfana, sino la hago desde mi quinta vez leyendo esta magnífica obra, mi favorita y con un poco de experiencia literaria.

Gabriel García Márquez es el autor del libro que menciono, que quizás ni es necesario aclarar y cuando catalogo este texto como crítica, no quiero que usted, querido lector, piense que voy a desvelar algo negativo de esta novela, al contrario, quiero resaltar lo positivo. Del autor, un exponente del realismo mágico, no me queda más que exponer mi admiración; un hombre con una habilidad para las palabras e imaginación, como ningún otro. Este Nobel ha sido uno de mis autores favoritos y ha sido la inspiración de muchos textos míos, desde hace veinticinco años cuando lo encontré en la biblioteca que me heredó mi padre. 

De “Cien Años de Soledad” considero que debería de agregarse una advertencia al principio: “De empezar a leer, usted no querrá regresar a su mundo real”. Porque ese es exactamente el efecto que tienen estas páginas en manos del lector. Uno inicia con “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Y luego, envuelto entre esas mariposas amarillas, llega al final en un parpadeo “(…) porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”. Entre ambas oraciones, uno vive en Macondo, con su calor infernal, oliendo el campamento de los gitanos, hamacándose en los corredores llenos de vegetación, murmullos y secretos de la casa de los Buendía. 

 Y es que el Gabo nos va presentando con lujo de detalles escenarios, personajes, situaciones, que meten al autor en una vida que bien pudiera ser real; y en esa confusión, uno vive atormentado por los problemas de esta numerosa familia y la dificultad de dejar responsabilidades para continuar con la nariz perdida en esas palabras. Esa imaginación tan característica del autor colombiano nos lleva a un mundo mágico, inventado por él para nosotros los lectores; palabras que nacen de su imaginación, que él ha logrado reunir en una obra maestra.

Sola, como los personajes de esta novela, he leído este libro con admiración. Con el deseo de algún día poder escribir algo similar, que mis lectores no quieran salir de esas páginas llenas de todo aquello que el Gabo nos da, sin que nosotros supiéramos que lo necesitábamos. Pero ahora que ya lo hemos leído, no podemos dejar de hacerlo… 

La complejidad de la lectura no limita la fluidez de la historia, con un buen árbol genealógico en mano, uno puede llegar al final sin perderse de la descendencia de esta familia a la que nos introduce el autor y que nos adopta como uno de ellos. Entre historias magníficas, el Gabo nos va encariñando con personajes y lugares, para después darnos un giro y movernos los pies de esa tierra irreal que todos queremos conocer. 

Es un libro que yo recomiendo leer varias veces en la vida, porque en cada etapa encontramos un mensaje diferente, el cual no se lo revelaré, sino que dejaré que usted, querido lector, lo investigue a lo largo de su vida, mientras recorre las calles lodosas de Macondo. 

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Antología de Cuentos

Nada tan promisorio como un libro nuevo; y si es de cuentos, mejor; y si es de cuentos escritos por gente nueva, mucho mejor. Toda una revelación.

Al hablar de gente nueva debo aclarar que me estoy refiriendo a gente que, o nunca ha publicado nada, o lo ha hecho muy poco.

Desde hace ya varios años he servido Talleres de Creación y de Redacción. Y han sido tantas las personas a quienes he llegado a conocer de manera fugaz, que eso, aunado a mi muy mala retentiva para los nombres y las fisonomías de las personas, me ha provocado caer en situaciones algunas veces incómodas; sin embargo, siempre me va quedando en la memoria una que otra persona en la que encuentro verdadero talento; y es más, he llegado a utilizar los trabajos de estos escritores noveles para los nuevos talleres, algunos muy bien escritos, otros no tanto; pero, al fin y al cabo, lo que interesa es el germen.

Ahora bien, ¿qué se puede hacer para que siga escribiendo alguien que tiene talento? ¿A dónde se le puede enviar para que desarrolle su genio? ¿Qué buena orientación o qué buena idea se le puede dar, como no sea la de participar en certámenes literarios? Es claro que la cultura no es una de las prioridades de nuestros gobiernos. Y no me estoy refiriendo al de mi país, específicamente.

Nuestra gente talentosa debiera migrar, debiera irse a alguna otra parte en donde sea reconocido y apreciado el talento. Pero, ¿a dónde?

Este libro contiene los trabajos que fueron presentados por los participantes del Taller de Escritura Creativa, promovido y convocado por el Centro de Formación de la Cooperación Española en La Antigua Guatemala. La sorpresa, inesperada y un tanto perturbadora, fue saber que estaría participando gente de países fuera del mío. La tecnología facilita las cosas y permite llevar a cabo este tipo de eventos, impensables hace apenas pocos años.

Luego de las presentaciones y de los saludos de todos hacia todos, uno se va dando cuenta de que Hispanoamérica nos resulta más familiar y común de lo que cualquiera puede imaginar. Los mismos sueños, las mismas ilusiones y los mismos problemas. Y sin embargo seguimos caminando, creando nuevos mundos, soñando sueños que nos son familiares y luchando por expresar nuestros ideales y nuestras creencias.

Cuando uno sirve este tipo de eventos espera encontrar una que otra sorpresa. Estoy seguro de que todo lector avezado las encontrará, las apreciará y si no tiene prejuicios vanos, sabrá reconocer que en este muestrario hay un emporio de talentos.

Víctor Muñoz, Agosto 2022


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Personajes Ilustres de Huehue

Mi abuelo hablaba con pasión y amor de Huehuetenango, su pueblo. Describía lugares, personas y tradiciones con tanta devoción y melancolía, que yo crecí sintiéndome cercana a aquel departamento que sirvió de musa a poetas y músicos. Crecí añorando la mielita, la Pasión de Cristo en vivo, el frío de Los Cuchumatanes y el arte de la Iglesia de Chiantla. En mi mente pasaban, como imágenes de una película en blanco y negro, las calles y lugares concurridos de aquel soñado lugar; las noches de estreno en el Cine Lilí, el mercado de Minerva, el Parque Central con la música enamorando a sus habitantes; y personajes como Sergito, la Chatía y José Azzari vivieron en mi mente por mucho tiempo.

Mi abuelito falleció y aquellas narraciones de Huehue quedaron en el olvido, hasta hace más de un año que por cuestiones del destino conocí a don Franco y él trajo de nuevo a mis recuerdos aquel lugar de ensueño por el cual don Jorge Luis Ovalle Recinos suspiraba; y ahí entendí por qué la melancolía de querer regresar al lugar que lo vio nacer.

Ha sido un honor para mí editar y publicar las dos obras de este admirable ser humano, político, empresario, autor y ciudadano huehueteco; pero más honor me hace al pedirme escribir estas palabras para adelantarle a usted, querido lector, el contenido de las páginas de este nuevo libro, Personajes Ilustres de Huehue.

Este ha sido una galería que don Franco con esmero, paciencia y mucha investigación, ha recopilado para que aquellas personas que sobresalieron, queden inmortales en esta obra. Individuos que trajeron honra, prestigio y orgullo al pueblo de Huehuetenango; y que ahora merecen ser conocidos y validados por las nuevas generaciones, para que sirvan como ejemplo y aspiración, para continuar trayendo lustre a este admirable departamento.

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Un Viaje en el Tiempo

Mientras Franco recorre las calles de Huehuetenango, las imágenes se van mezclando con aquellas que él veía mientras paseaba en su bicicleta alquilada por don Horacio. Recuerda cuando corría por aquellas banquetas con sus hermanos Iván y Renardo. Ahora, dentro de su carro, acompañado de su hijo Francisco, va observando a través de la ventanilla a los cientos de personas con paso apresurado, sin poder reconocerlas; mientras que hace unos cuantos años atrás, se saludaban de nombre al toparse.

Estas calles, que alguna vez fueron vigiladas por don Pancho, el policía encargado de hacer sonar su gorgorito para tranquilizar al pueblo, ya dejaron de ser lo que fueron; pero Franco nos hace regresar en el tiempo con su novela «Así era mi Huehue, la Antesala del Cielo», y nos va narrando un escenario de encanto, donde vivió muchas aventuras y donde sucedieron historias dignas de ser inmortalizadas en papel.

Este libro es un viaje en el tiempo que hará a los lectores zambullirse en un pasado encantador, placentero y entretenido; conociendo personajes ilustres del pasado huehueteco y con la forma peculiar del autor de contar sus anécdotas, estoy segura que como yo, no despegarán los dedos de esas preciadas páginas llenas de historia.